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Egipto. Primer amanecer

Archivado en Viajes • Fecha: 04-02-2005 20:31:10

Sábado, 08 de enero de 2005

“La diferencia entre un viaje y otro no son los barcos, sino la gente que conoces en ellos”

Tres de la mañana. Cafetería del barco. Sin apenas haber dormido, Xavi y yo nos tomamos un té y unas pastas a desgana. Este desayuno en una hora en la que, en otras circunstancias trasnochadoras, sería el momento de irse a dormir, tiene una explicación. El barco se encuentra atracado en el puerto de Asuán, y estamos a punto de iniciar nuestro viaje a Egipto visitando los templos de Abu Simbel.

Las cuatro horas que hemos dormido, contrastan con el no parar de Begoña, Simón, Raquel y José Carlos, compañeros involuntarios de este viaje, que hace apenas unos minutos que han llegado al barco directamente desde el aeropuerto. Así nos hemos conocidos, tomando té y pastas a las tres de la mañana, en un barco sobre el nilo. Nuestra andadura conjunta por este basto país, que nos llevará del sur, cerca de la frontera con Sudán, a la capital en el norte, no ha hecho más que empezar. Uno de los pocos alicientes que tienen estos viajes programados, de los que no soy muy partidario (prefiero montármelo yo por mi cuenta) es que compartes experiencias con personas que, en otras circunstancias, no habrías conocido.

La espera de la salida del convoy de autobuses nos sirve para que se presente el que será nuestro guía, Mustafá, y también para hablar entre nosotros. A las cuatro y veinte empieza el rally. Eso es lo que parece este convoy de autobuses que se ha formado para recorre los 250 Km que separan Asuán de Abu Simbel, ya que en cuanto la policía da su permiso, los vehículos más rápidos empiezan a adelantar al resto. Esto sucederá durante las casi cuatro horas de viaje. Circulamos por una carretera con un carril de circulación por cada sentido de la marcha, donde no se respeta ni el límite de velocidad, ni las rayas continuas pintadas en el asfalto, ni tan siquiera el tráfico que viene en sentido contrario: puedo asegurar que pasan sin problemas dos autobuses y un coche por el ancho de la carretera.

Muchos de los compañeros del microbus aprovechan para descansar y dar una cabezadita. Yo me quedo extasiado contemplando el cielo nocturno. Nunca había visto tal cantidad de estrellas. No hay montañas, ni luces de ciudades, ni nubes, que impidan verlas en su plenitud. Solo se ve un cielo estrellado sobre la inmensidad del desierto que se intuye a lado y lado de la carretera. Es una sensación fantástica la de la inmensidad delante tuyo. Es la misma sensación que tengo cuando voy a la playa en invierno y me pongo frente al mar. Te quedas hipnotizado.

Aún no hemos llegado a Abu Simbel y ya está amaneciendo sobre el desierto. Ver como emerge el sol de entre la arena, me transporta a tiempos remotos, cuando el pueblo egipcio adoraban a ese mismo sol, omnipresente en sus vidas, al igual que el Nilo.

Aún no he visto nada de este inmenso país, ni templos, ni obras faraónicas, ni momias, ni tesoros, pero por las personas que he conocido y por este amanecer, el viaje ya ha merecido la pena.





Escrito por Manel2071
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